Barranco de los Lobos.

Domingo, 11 de Noviembre de 2018.

Hoy vamos a la sierra de Valdecabras, esta sierra es un pozo sin fondo para el caminante, a un paso de la capital tenemos la posibilidad de hacer un sin fin de rutas por barrancos, sobre los cortados de esta sierra, o caminando en medio de los mares de roca caliza con infinidad de formas distintas, nos encontramos en medio de una gran Ciudad Encantada.

En la parte occidental de esta sierra, encontramos una sucesión de barrancos que vierten sus aguas al Júcar. Unos más abiertos, otros mas angostos, el mayor de todos, el del Cambrón, más abierto en forma de valle. El de Santa María con sus aguas estacionales atravesando el laberinto rocoso, la sutil belleza del Océñigo, ese gran desconocido, el ya citado Cambrón, el arroyo de Fuenlabrada que tendremos que visitar enseguida, el de los Lobos que veremos hoy, la Hocecilla que ya hemos recorrido varias veces, el Vallejo del Pumar. Como vemos un montón de rincones por recorrer.

Esta mañana de noviembre amenaza lluvia, hemos tirado de chubasquero por si las moscas, y nos ponemos en marcha, haremos una ruta circular, desde la carretera de las aguas, paralela al río Júcar, entramos en el barranco de los Lobos, para remontarlo hasta la casa de Las Carboneras, y regresar por la loma que separa este barranco y el de la Hocecilla, volveremos entre carrascas y pinos.


En la loma de los Lobos, entre los dos barranco, encontramos a este gran dinosaurio dormido.

Empezamos la caminata, primero por un viejo carril para ir ganando altura poco a poco.

Bajo las carrascas, viejas colmenas.

Estos días húmedos, los colores del monte se realzan como nunca.

Enseguida llegamos a la zona rocosa del barranco, ahora ya caminamos por la senda de la derecha, que un poco mas arriba entra en el barranco.

Y empezamos a ver como se asoman las rocas al valle, y el colorido otoñal, este otoño está siendo espectacular.

Como hemos ganado altura, miramos hacia atrás y vemos las nieblas sobre el valle del Júcar, de momento nos está respetando la mañana.

Y las nieblas cubren también los bordes de este barranco.

La senda, muy transitada, entra en el eje del barranco.

Nos metemos entre los bloques de roca.

A ambos lados del barranco encontramos piedras de todo tipo.

Y hoy, con ese color que les da el agua, lucen como nunca.

El agua y los arbustos, que están en plena otoñada.

Iremos subiendo por aquí hacia la casa de Las Carboneras.

Parecen Delfines.

Al otro lado de esta ladera, está el barranco de la Hocecilla, por donde hay un sendero Pr señalizado. Nosotros bajaremos por la cresta que separa los dos barrancos.

De camino encontramos estas grandes bolas.

Como si estuviesen apuntaladas por la mano del hombre.

En toda la ladera encontramos bolas de distintos tamaños.

Y nos vienen que ni pintadas, hemos llegado a mesa puesta. Es media mañana y hacemos la parada pertinente para el almuerzo.

Paramos un rato al almuerzo, la mañana sigue nubosa pero parece que nos va a respetar la lluvia. Las dos orillas del barranco están coronadas por una variada colección de rocas con formas de todo tipo, merece la pena hacer un recorrido por entre ellas y dejar volar la imaginación. En esta ruta de hace dos años, Hocecilla y la Casa de Las Carboneras , nos detuvimos un poco más en los detalles.



Desde las proximidades de la casa de Las Carboneras, vemos de nuevo el valle del Júcar, donde las nieblas siguen dominando la mañana.


Otro ejemplo de la ruina que recorre la Serranía.

Desde la casa de Las Carboneras, nos dirigimos hacia la loma de Los Lobos y el collado de Pedro Negro, por donde iremos bajando hacia el punto de inicio. Nos podemos asomar desde aquí a ambos barrancos, pasando por medio de callejones y puntales que se asoman a ellos.

Saltamos hacia la cresta que separa Hocecilla y Lobos, el monte está perfecto con la humedad de estos días.

Y nos acercamos a este punto emblemático de esta sierra de Valdecabras, nosotros lo buscamos en otras ocasiones y pasamos de largo, hoy lo hemos encontrado.

Que caprichosa es la erosión.

En esta zona, la imaginación tiene trabajo.

Un laberinto de roca.

Con ojos que nos acechan.

Nosotros subimos por aquí para acercarnos al collado de Pedro Negro.


Por aquí podemos bajar al Barranco de Los Lobos, hace un rato caminábamos por allí abajo.

Hacia arriba, la niebla sigue acechando en las crestas de la roca.

Y hacia abajo vemos que la sierra de Bascuñana sigue cubierta.

Seguimos bajando y nos encontramos a la altura de la entrada al barranco.


Villalba aparece también bajo la niebla que empieza a levantar.

Una buena perspectiva del barranco que hemos recorrido, ahora venimos por la parte derecha de la imagen.

Dejamos el barranco y buscamos el tramo final de camino, que nos deja en el punto de partida. Caminamos por un monte cubierto de Carrascas y pinos, con los musgos hinchados de agua, y todo el monte bajo dominado por enebros de un verde rabioso.


Las carrascas y los musgos colonizan estos montes.


Un monte mixto, pino, carrasca algún roble, y mucho enebro, un lujo caminar por aquí.


Al final unos once kilómetros por el monte, entre roca y pino, con mucha humedad y buena temperatura, lo que debe ser una mañana de Otoño. Terminamos con los tercios en Villalba, lo que debe ser el final de una ruta de senderismo, jajaja.

Os dejamos el enlace con el trazado y perfil de esta ruta singular:

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/barranco-del-lobo-30442130

Hasta pronto!!!




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