Días de agua en la serranía.

Principios de Marzo.

Después del pasado año tan seco que tuvimos, este 2018 parece que va cambiando de cara, empezó con unas tímidas nevadas, que luego fueron a más, como pudimos ver en esta Entrada en la que vimos la nieve muy de cerca en el Cerro de San Felipe, y poco a poco el agua ha ido ganando terreno en la Serranía. 

A finales de Febrero y comienzos de Marzo, las lluvias se han intensificado y nos han dejado los arroyos y surgencias de la sierra, como hacía tiempo que no los veíamos. Nosotros aprovechamos dos fines de semana en los que no paró de llover, para acercarnos a comprobarlo de primera mano. No hicimos rutas, si no visitas.


Cascadas en la surgencia de Royo Malo, muy cerca de Poyatos.

El primer fin de semana de Marzo, nos subimos a la zona de Uña, para ver el embalse de La Toba y el Arroyo de La Madera.

De camino, la fuente de la Canaleja, en Valdecabras, presentaba este aspecto.


Con el agua rebosando por encima de los caños.

Un espectáculo verla así, después de mucho tiempo en horas bajas.

Una panorámica del embalse de La Toba, desde la presa, como vemos, el agua no rebosaba por encima de la presa.

Hacía tiempo que no llegaba a este nivel.

Enfrente, tirando de zoom, vemos como la surgencia de Fuencaliente vierte agua a mansalva el embalse.

Visto el embalse casi lleno, nos volvemos hacia Uña, vamos a ver el Arroyo de La Madera, que tiene que estar muy bien esta mañana, aunque la Cueva del Tío Manolo no ha roto todavía, lo remontaremos un poco a ver las cascadas que se forman ahora que baja bastante agua. Cogemos la pista que sale junto al antiguo cuartel de Uña, enseguida nos encontramos con el arroyo.


Baja bastante cargado, aunque todavía ha tenido mejores tiempos.

Trae aguas puras recién expulsadas de la Muela.

En su corto recorrido hasta verter sus aguas al Júcar, forma pequeñas barreras tobaceas 

Y los grandes bloques desprendidos de los bordes de La Muela, ayudan a crear saltos como este.

Un lujo.

A todo esto, no ha parado de llover en toda la mañana, ahora el sol intenta abrirse un hueco en los bordes de La Muela.

Como la mañana estaba muy húmeda, y sin que sirva de precedente, terminamos en Uña con un almuerzo generoso en el bar La Laguna, aquí siempre nos tratan muy bien.

La semana siguió lluviosa, y  el fin de semana siguiente tenía un 100% de probabilidad de lluvia, así que decidimos acercarnos a conocer la surgencia del barranco de Royo Malo, muy cerca de Poyatos. No frecuentamos esta zona, y hoy es la ocasión perfecta para ver esta maravilla serrana en todo su esplendor.


Desde la misma carretera que une Poyatos con Fuertescusa, podemos admirar la grandeza de este rincón.

El rugido es ensordecedor, el agua cae por todas partes.

Nos ponemos literalmente dentro del agua.

Vamos remontando este corto pero interesante arroyo.

Vemos desde arriba las tres grandes cascadas, impresionante.

Seguimos subiendo a ver si encontramos donde nace.

Y nos encontramos en este rincón en el que el agua brota a borbotones con un ímpetu serio.

Un paraje único, otra maravilla serrana.


Visto el Royo Malo, nos volvemos para asomarnos someramente a otro barranco famoso, pero que nosotros no conocemos, el Barranco Barbazoso, muy conocido por los amantes del barranquismo. Precisamente nos encontramos con un grupo bien pertrechado para la práctica de ese deporte, con intención de meterse en el.

Hoy no vamos muy preparados para caminar y nos asomamos apenas unos metros, para hacernos una idea de lo que podemos ver aquí, otro día volveremos para remontarlo como es debido.



Junto a la carretera, el puente medieval recién restaurado.

Aunque el acero inoxidable no le sienta nada bien, no se cual es el criterio para utilizar este material en esta restauración. (Es una opinión como otra cualquiera).

Desde el mismo puente, divisamos un primer estrecho por el que baja cantidad de agua.

Nos situamos sobre unas rocas y vemos abajo el estrecho, con una pequeña represa, esto habrá que venir a verlo mejor en otra ocasión.


El caso es que hoy agua no le faltan a los barrancos de la Serranía.



Empieza a llover de nuevo, nosotros nos retiramos con la intención firme de volver para recorrer este barranco más pronto que tarde. Como hoy no hemos caminado, pues terminamos con otro almuerzo, esta vez en Fuertescusa, esto se nos empieza a dar bien!!!.



Este fue el remate a esta mañana lluviosa en la Serranía, en el hotel de Fuertescusa degustamos unos platos serranos para matar el gusanillo.



Después de estas dos semanas lluviosas, nos sorprendió una nevada, esta primavera está siendo muy juguetona y nos hace olvidar los penosos otoño e invierno que hemos padecido. Ya lo contaremos.


Hasta pronto!!!



Cueva de La Sierpe

Domingo, 18 de Febrero de 2018.



Mediados de Febrero, hoy toca exploración, y no es que el lugar que vamos a ver sea desconocido ni esté muy escondido, se trata únicamente de un pequeño error de rumbo. El caso es que la zona que visitamos hoy no la frecuentamos muy a menudo, habíamos oído hablar en muchas ocasiones de la Cueva de La Sierpe, y hoy es el día en que la vamos a conocer.

A orillas del embalse del Molino de Chincha, muy cerca de Puente de Vadillos, se encuentra una de las grandes cuevas de la serranía, la de La Sierpe. Una cueva refugio de pastores y ganado en tiempos, que alberga un gran lago al fondo de la misma, el tamaño de este abrigo es descomunal. Lo más normal para llegar a ella, es llegar a Vadillos y tomar un camino que parte antes de cruzar el puente sobre el río Cuervo, bordeando el embalse llegaríamos a la cueva. Nosotros, con el fin de hacer una ruta circular y asomarnos a la hoz de Tragavivos, intentamos llegar a la cueva desde Cañizares. Cogiendo el camino de Las Loberas, que sube desde el pueblo en dirección al mirador de Tragavivos, dejamos el vehículo en lo alto y emprendemos caminata por estos pinares, aderezados con un monte bajo "quepaque".

La idea original consistía en bajar a la cueva para luego remontar la ladera de nuevo, en busca de una antigua senda que pasa junto al mirador de Tragavivos y baja a la hoz, topándose con el canal que lleva las aguas del embalse del Molino de Chincha a la central eléctrica que hay junto a la Herrería de Santa Cristina. La cuestión es que al empezar a caminar, nos metimos en el pinar, y a base de esquivar monte bajo, perdimos la dirección correcta. Una vez que llegamos al borde de la planicie, divisamos abajo el embalse y debíamos bajar, ¿pero como? , pues a lo "mecagoendiez", y nos vimos en medio de un Bujedal con porte arbóreo, que nos atrapó de tal manera que no había forma de caminar.

Una vez que pudimos llegar al borde del agua, solamente nos quedaba buscar la cueva, digamos que estábamos mas cerca de la presa que de la cueva, y las orillas del embalse no son una autopista precisamente. Total, un lío de narices que nos hizo trabajar de lo lindo. A nuestro favor teníamos que aquella mañana no había ni siquiera un poco de rocío, el ramaje estaba seco, siempre hay que dar gracias.

Con semejante panorama, apenas pudimos hacer unas cuantas fotos, que aportadas entre todos, ilustran esta entrada. Hoy tenemos invitados a la ruta, no se si querrán volver!!!.





Solamente por ver el color de estas aguas, ya merece la pena esta peripecia.

Pero antes de llegar a ver las aguas, tuvimos que atravesar esta zona selvática.

Y estas fotos se hicieron en una de las zonas más abiertas.

Por aquí abajo está la cueva.

Se encuentra en uno de las zonas mas estrechas del embalse.


El carrizo y los árboles de las orillas al final ya de su reposo invernal, pronto veremos resurgir la primavera.

Aquí a la izquierda de la imagen tenemos ha la entrada a la cueva.

Una gran cueva de tamaño descomunal.

Cruzando el puente que da acceso a la cueva, desde el sendero que viene de Vadillos.

Una vez dentro, y al ser tan grande, la luz escasea y hay que tener cuidado con el firme que pisamos, ya que se encuentra lleno de agujeros que nos pueden dar un susto.

Vamos a ver que tenemos allí al fondo.

Lo que encontramos al fondo de la cueva, es un gran lago, por lo visto estas aguas son independientes del nivel del embalse.

Aunque no hemos traído mas que un pequeño frontal, apreciamos el salpicar del agua.

A pesar de la peripecia de esta mañana ha merecido la pena, cosas así no las vemos todos los días, esta es una de esas joyas menos conocidas en la Serranía.


El carácter húmedo de esta cueva, crea depósitos calizos con formas curiosas.


Hacemos un simulacro de foto de grupo.....

.......pero nos faltaban dos personas en el grupo. Mas bien parecía un duelo.

Vamos saliendo de la cueva y abandonamos la zona del embalse en busca del vehículo.

Nos ha costado, pero ha merecido la pena.

El caso es que al final encontramos la Cueva de La Sierpe, una de esas cosas que teníamos pendientes, y que hoy hemos conocido, a pesar de los "contratiempos". No hemos hecho muchos kilómetros, pero van a ser de esos que recordaremos en el anecdotario del grupo. Solamente nos queda subir a donde tenemos los vehículos aparcados, que lo que nos ha costado toda la mañana en llegar a la cueva, en un momento llegamos al final de la ruta.

Como está mandao, terminamos con unos tercios refrescantes en Cañizares, no hay traspiés que unos tercios no arreglen.


Hasta pronto!!!