Cerro de San Felipe, por una vía diferente. Serranía de Cuenca.

 Domingo, 7 de Agosto de 2022.


Pasito a pasito, estamos ya en Agosto. Y este año no hemos dejado de caminar en todo el verano, no se que nos pasó, pero empezamos a subir picos, de manera casi compulsiva. El caso es que hoy nos subimos a uno de nuestros picos preferidos en la Serranía, El Cerro de San Felipe. No se contar las veces que hemos subido, en este blog hay una buena muestra de algunas de esas rutas, con vientos, nieves, nieblas, y hoy en pleno Agosto de este fatídico año horrible en cuanto a temperaturas.

Pero como cada día tiene su afán, subiremos por una vía novedosa para nosotros. Desde el estrecho de San Blas, empezamos la ruta de hoy. Dejamos los vehículos en el aparcamiento junto a la fuente, y nos metemos en el estrecho apenas unos metros, enseguida dejamos el camino para continuar campo a través, cerro arriba. Vamos a subir siguiendo el cordal que va sobre la zona del Hontanar. Desde el estrecho hasta el collado de San Felipe, y de allí a la cima. Luego bajaremos al carril de Rilaga, para volver por Los manantiales del Júcar, al punto de partida.

Pero antes de nada, durante la redacción de esta entrada, ha surgido un pequeño problema, que vamos a resolver ahora mismo. Nada grave, no os asustéis, pero durante la ruta que hemos hecho esta misma mañana, ha salido a colación un problema de presunta suplantación de identidad sobre la autoría de este Blog. os explico rápidamente, el señor que vais a ver en la siguiente imagen, no es el autor.

Alfredo Bermejo, nuestro montañero de cabecera, el que nos empuja una y otra vez a superar nuestros límites, nuestros miedos, y sin el que esto hubiera sido muy distinto. No decimos que peor ni mejor, pero muy distinto. El no es el autor, y así queda constancia en esta entrada a petición suya. jajajajaja. Hay que ver lo que da de si una mañana de Domingo.

Este si es el autor, aunque nos pese, este es el individuo culpable de todo esto. Bueno, solo o en colaboración de terceros. Por que este blog, siempre lo digo, es consecuencia de nuestras rutas en grupo. Sin el grupo, la piña, nada de esto vería la luz. Alfredo, tu lo has querido. aquí lo tienes.

Y ahora vamos a seguir con lo nuestro. jajajajajajaja. 

En la cima.

Empezamos a caminar, todavía no entra el sol en el estrecho, y nos encontramos con un ambiente fresco, muy agradable después del verano que estamos sufriendo.

La foto al joven Júcar, es irrenunciable. 

Y nosotros, enseguida nos ponemos a la faena, cerro arriba.

La cuesta y el sol, nos hace entrar en calor enseguida.

Una subida fácil, entre pinares y roca.

Y esas rocas, siempre fueron aprovechadas, por las gentes del lugar.

Los suelos resecos, claman al cielo en busca de agua.

Roca.

Vamos ganando altura, y empezamos a tener ligeras vistas. Esta hacia la zona de la cresta del Ocejón.

Y subiendo junto a estas rocas, nos ponemos en el cordal que nos llevará al Cerro de San Felipe.

Y ya podemos verlo, ampliando con el zoom de nuestra cámara, inconfundible.

Todo este cordal, discurre a una altitud rondando los 1500, 1600 metros de altitud, y la vegetación la cubre por completo, pero no nos impide poder asomarnos a lo que tenemos a nuestro alrededor. Allí enfrente los cortados de la Peña del Halcón.

Hemos superado el primer escoyo de la mañana, ahora un sube y baja hasta el collado donde empieza la ascensión al Vértice.

Un poco de contraluz.

Peña del Halcón y el inicio del valle del Júcar, donde se asienta el pueblo de Tragacete.

Seguimos.

Y miramos hacia el cerro de La Bandera, Gamelloncillos y Peña del Horno.

Mas arriba de Tragacete, la zona de Los Vasallos.

Seguimos uniendo los puntos más altos de este cordal.

Sin quitar el ojo al principal objetivo de la mañana.

Ni a esos pequeños detalles que salen a nuestro encuentro, como este pino enrocado.

Asomados al Hontanar, 

Miramos muy atrás. Y alcanzamos a ver la zona de La Mogorrita, con esas crestas rocosas que se intuyen en la imagen, y que hemos recorrido en otras ocasiones.

Este es el camino por el que vamos subiendo.

Muy cerca ya de la zona del collado de San Felipe, la sabina rastrera se hace dueña de estos suelos serranos.

Pasamos junto a esta gran estructura, parece algo para medir precipitaciones de nieve, o a esa conclusión hemos llegado.

Y frente a nosotros la última subida antes de la cima de San Felipe.

En este collado, junto a las señalizaciones de rutas del Parque Natural, ahora encontramos las del Camino Natural del Júcar, que incluye esta variante en su primera etapa, para subir al San Felipe.

A todo esto, nos habíamos dejado esta imagen de Tragacete desde aquí arriba.

Un detalle más de esta nueva señalización.

Y emprendemos la última rampa hacia San Felipe. Ambiente montañero ya a estas alturas.


A partir de aquí, no tenemos muchas más imágenes de la ruta, llegamos a la cima y nos dejamos caer hacia la cañada del Ojuelo, Tormo Cañaveras, nacimiento del Júcar, estrecho del infierno, y punto final. La cuestión es que durante el transcurso de la mañana, recibimos un mala noticia que condicionó todo el desarrollo de la jornada. Cosas de familia.

La cima se nos presentaba cercana.

Y nos hicimos con ella.

Desde aquí arriba miramos al valle del Júcar, Tragacete.........

Alfredo desplegando toda la tecnología para inmortalizar el momento.

Este momento, con sensaciones agridulces, la vida es algo efímero, hoy nos ha quedado muy claro.



Echamos otro vistazo hacia La Mogorrita, y seguimos nuestra marcha.

No estamos en lo más alto de la provincia, pero es un buen lugar para acercarnos allí arriba.


Esta ruta quedó marcada por las circunstancias, San Felipe es un punto de referencia para nosotros, y ahora, sin duda cobra más sentido. Volveremos.

Nosotros somos muy de ir campo a través, y así nos arrojamos hacia la cañada del ojuelo, pasamos por el Tormo de Cañaveras, que hemos visto en este blog en más de una ocasión, nos dirigimos al nacimiento del Júcar, y llegamos a la fuente de San Blas en un momento. Nos refrescamos con sus jóvenes aguas, y dimos por terminada la jornada. Una ruta de lujo a pesar de los pesares. 


Hasta pronto!!!







Picón de Royo Frío, Las Catedrales. Serranía de Cuenca.

 Domingo, 10 de Julio de 2022.


Ya en Julio, una mañana de esas en la que estamos bajos de efectivos, sin rumbo fijo, nos vamos a dar una vuelta por La Muela. Desde Uña, cogemos el carril que nos acerca al rincón del Arroyo de La Madera, lo vadeamos, y en la subida hacia Las Catedrales, estacionamos. La ruta de hoy consiste en subir a la parte alta de La Muela, y seguir por sus bordes oteando horizontes. 

Con el vehículo a buen recaudo, empezamos la caminata por el carril que nos deja en el paraje de los huertos de La Solana. Desde allí, enlazamos con el Pr de las fuentecillas y los callejones, para ponernos en lo mas alto de la roca. Bordeamos hasta llegar a la entrada a Las Catedrales, para bajar en un momento al punto de partida. Una ruta corta pero intensa.


Cuando vamos por el monte, lo mismo nos fijamos en lo más grande.

O en los pequeños detalles, esas geometrías naturales.

En la roca firme, que nos rodea.

O en esas procesiones a destiempo, en pleno mes de Julio. No recordaba ver Procesionaria en Julio.

El caso es que este maldito año, en lo que al clima se refiere, nos ha dejado datos que jamás pensaríamos llegar a conocer. Ahora, escribiendo esta entrada, en vísperas del puente de Los Santos, con temperaturas veraniegas, nos damos cuenta de la catástrofe que se nos viene encima. Pero aquí no estamos para eso, ya lo veremos. De momento estamos para contar nuestra ruta de esta mañana.

Y mirando hacia arriba, vemos por donde volveremos un poco más tarde.

Avanzamos rápido, en un momento estamos en la senda de subida a La Muela. Unas semanas atrás, hicimos otra ruta por la zona, y sacamos unas vistas de la subida, desde otra perspectiva.


Y vimos esta roca, muy conocida en la zona, coronada por algún elemento extraño.

A punto de coronar La Muela, vemos que hay un inquilino sobre ella. 

Tan tranquilo, tomando el sol de la mañana.




Ya estamos arriba, ahora caminaremos por aquellos bordes, hasta el Picón de Royo Frío.

Encontrando nuevos caminos.

A punto de ser engullidos por la roca.

Y con el siguiente objetivo allí delante de nosotros.

En estos bordes rocosos, reino del buitre, este tuvo un mal final.

Una mirada atrás, magníficas paredes.

Y un poco más allá, Las Majadas. Estamos en el Picón de Royo Frío, un gran mirador al cañón del Júcar, y mucho más.

Delante de nosotros, la finca de La Losilla, en el centro, junto al tronco del pino, el sifón del canal, y a la izquierda la subida hacia Garcielligeros. Buena parte de la nuestra ruta anterior.

Este es el punto donde paramos a almorzar, y parece que a meditar un poco.

Siguiendo con las vistas, nos acercamos al Rincón de la Primavera, donde el arroyo del Molinillo se descuelga hacia el Júcar.

Un buen posadero del Buitre. 

Como este.

Desde aquí llegamos a ver hasta el Campichuelo. 

Hacemos la parada del almuerzo, descansamos un momento viendo los horizontes, y continuamos la marcha recorriendo estos cortados hasta llegar a Las Catedrales, por donde bajaremos al punto final de nuestra ruta. 


Detrás de estos puntales está el pueblo de Uña.

Y aquí abajo, el cañón del Júcar.

La roca se dispone de maneras caprichosas.


Ha trabajado mucho la erosión.

Para crear esta maravilla.

Otro elemento indispensable en estos lugares. Esos pinos que aguantaron tempestades hasta el final.

Avanzando, ya vemos que estamos entrando en el rincón del Arroyo de la Madera, por donde tenemos que bajar.

Y a nuestros pies, naranjito nos espera.

Pero la vista se nos va hacia atrás.

Y hacia adelante.

A esos pinos que desafían a la gravedad.

Y a los cielos, que en un momento se han puesto amenazantes.

A este le importa poco.

Vamos a ver si nos libramos de la tormenta, que por otra parte es muy necesaria.

Se ha puesto la mañana un poco turbia, pero al final nada de nada. Encontramos la bajada por Las Catedrales, nos metemos en sus callejones empinados, y con mucha precaución por las precarias escaleras de madera, descendemos a la parte baja del cortado. Yo recomiendo hacer esta ruta de subida, es mucho más seguro.


Nos metemos de lleno en los callejones.

Donde la humedad aguanta, aquí no entra el sol fácilmente.

Hoy, el camino está seco, la bajada con agua se haría en plan tobogán. 

Los musgos, helechos y demás plantas asociadas a estos entornos, colonizan las paredes.

El viejo tronco se resiste a desaparecer.

Un entramado de estrechas calles.

Jardines verticales, tan de moda ahora, llevan siglos colonizando nuestras rocas.

Finalmente descendemos por esta precaria escalinata, que acusando el paso del tiempo, se deteriora rápidamente. Cuidado a quien se aventure a pasar por aquí.


Llegados a este punto, solamente nos resta descender por la empinada senda, junto a la Cueva del Tío Manolo, para llegar al punto donde tenemos el vehículo. En un momento estamos en el final de la ruta. Una buena mañana en el monte, recorriendo abismos y callejones.  De vuelta, paramos en Villalba para rehidratar.


Hasta pronto!!!